Lucas

Nos quedamos un momento callados, por mi parte me encontraba con que me estaba dando un ataque de vergüenza brutal. ¡Pero si era Lucas! ¿Por qué ahora me daba corte?
-Bueno. ¿Adónde quieres ir?- me preguntó, con las manos en los bolsillos.
-Pues no sé. No me suelo marcar un destino fijo cuando ando por ahí- estúpida, me dije nada más haber acabado la frase. ¿No le podía soltar otra frase más ridícula? Pero él me sonrió y empezó a andar.
-Pues vayamos a donde se dirijan nuestros pies- dijo. Sonaba como la frase de una canción, pero no sabía cuál. Empezamos a hablar del Colegio, de lo que hacíamos de normal, de la música, donde compartíamos gustos parecidos, de sus dibujos, que él era todo un artista…pero al final nos decantamos a hablar sobre nosotros, a abrirnos un poco más, cuando llegamos a un lugar con bancos.
-¿Por qué me has invitado?- le pregunté, con curiosidad. Llevaba queriéndoselo preguntar desde el miércoles que me lo dijo. Meditó un poco antes de responder.
-Me apetecía pasar un rato a solas contigo. Normalmente en clase o te pego yo, o me chillas y como que no es una relación muy profunda ¿verdad?- puse los ojos en blanco y reí.
-Tocada y hundida. La verdad es que no hablamos mucho nosotros dos, aunque eso se puede remediar- comenté la última frase como si nada, pero quería llegar hasta el fondo de la cuestión.
-Pero no me dirás que no es complicado-
-Pero no imposible- repliqué. Él rodó los ojos, mientras yo esperaba a que continuara-
-Si te lo digo no me tomarás por loco…-
-Descuida, la primera loca que hay aquí soy yo- él sonrió y tomó un poco de aire antes de empezar.-
-Pues…siempre te he encontrado una chica distinta, diferente a lo normal ¿a que sí? Es…como si vivieras en tu propio mundo. Pero no es solo tú, sois un buen puñado en el Colegio- me mordí el labio, ¿qué estaba sugiriendo?
– Lo siento, dicho así parece que piense que estáis como una regadera. Pero es que eres todavía más que el resto- normal, no habían muchos vampiros jóvenes en Europa. La gran mayoría se iban a América, o a Asia. Además que no se solía morder a niños pequeños, estaba mal visto. No eran muy frecuentes los vampiros que fueran al colegio.
Que yo recordara solo había un único vampiro más en toda la secundaria. Era una chica, de mi edad, pero había repetido este año, así que seguía en tercero. Era una chica muy maja, de pequeña se venía a mi Falla para jugar. Se llamaba Melisa. Volví al mundo para seguir escuchando a Lucas, que se había quedado callado un segundo, esperando mi reacción. Le miré durante un segundo, antes de decir algo más
-Sigue sigue que no me asusto- le dije, esperando a que continuara hablando.
-Tú eres especial. No me digas por qué, pero siempre lo he pensado. Y, eso desemboca a otra cosa y al final…- no me lo podía creer ¿estaba diciendo lo que creía que estaba diciendo? Me quedé mirándole fijamente. Sentí el impulso de cogerle la mano, y lo seguí, aún sabiendo que no tenía que arriesgarme demasiado. Estreché sus dedos entre los míos, esperando no equivocarme en ello.
-¿Que piensas?-me pregunto él. Ahora tiraba la pelota sobre mi tejado. Le lancé una mirada ladeada antes de contestar.
-Que lo que has hecho es muy bonito. Extraño, pero bonito. Y sincero. Por que no me estarás tomando el pelo ¿verdad? -me sonrió y negó con la cabeza. -Bien pues…¿qué quieres que te diga?-le pregunte. Realmente para esas situaciones no era muy lúcida. Me quede mirando nuestras manos que estaban entrelazadas y que en ese momento me parecían lo más interesante del mundo.
Deslizo suavemente su pulgar por el dorso de mi mano y sentí un estremecedor cosquilleo que subió desde mi mano hasta mi brazo.
-Pues gracias por la crítica, pero si profundizaras un poco más te lo agradecería – dijo él. Además me hacia pensar, no tenía desperdicio el chico. Durante unos segundos nos quedamos en silencio. Yo pensaba que decirle y a saber lo que en ese momento pasaba por su cabeza. Finalmente alcé la mirada dirigiéndola a sus ojos.
-Eres una persona de irremediable locura. Pero desde el lado positivo. La verdad, perdóname, pero no soy muy buena para esto- sonreí compungidamente. Acerco mi mano a su cara y la besó dulcemente. Nos quedamos mirándonos fijamente, acercamos nuestras caras y nos besamos. Al principio fue un beso tímido, pero más tarde fue haciéndose más intenso. Separó su mano de la mía, para deslizar sus manos hasta mi cintura, atrayéndome con firmeza hacia si. Yo pase mis manos, por su nuca, rozando con las yemas de los dedos el nacimiento de su cabello, suavemente. No quería parar de besarle, era como si estuviera en un sueño…Pero al final separamos nuestros labios, respirando entrecortadamente. No hacían falta las palabras, pero tampoco era plan de quedarnos callados durante todo el rato. Al final, aunque seguíamos abrazados él rompió el silencio.
-¿Que te parece?- preguntó.
-Me parece perfecto -respondí sonriendo. Me estrujó levemente entre sus brazos y un sonido gutural salió de mi garganta. Se rió.
-Oye, no te rías- dije separándome de él con un gesto burlón. Me puso la misma cara traviesa que me ponía cuando iba a salir corriendo en clase de mí. Esperaba que esta vez no fuera así.
-Es que pareces un gato- se quedo un par de segundos callado – Me gusta una chica que ronronea. -Sonreí, dicho de esa forma sonaba extraño. Por sonar sonaba hasta poético. De repente note como si alguien me observara, mire hacia atrás y hacia los dos lados pero estábamos prácticamente solos. Fruncí el ceño preocupada.
-¿Te encuentras bien?-pregunto, seguro que había notado que me ponía tensa.
-Me ha parecido que alguien nos observaba. Pero estamos solos.- dije aún con el ceño fruncido
-Tú tranquila. ¿Para que van a estar observándote?- porque soy un vampiro con poderes descontrolados, porque soy nocturna, porque aun consideran traidores a mis padres por tener una nocturna como hija o porque hay algunos que piensan que lo mejor es matarme…Todas esas razones aparecían en mi mente como rayos iluminando una noche.
-Venga, tranquilízate- no sabía lo que pasaba, pero me notaba preocupada. Sujetó mi cara entre sus suaves manos y me acercó a sus labios para volver a besarme. Ese beso fue más dulce. Ese beso nos encendió a los dos, o por lo menos a mí. Después pasó sus labios por mi barbilla hasta llegar a mi yugular. Me estremecí de placer. En mi cabeza algo me decía que su sangre debía de ser muy dulce, como él. Inmediatamente me separé de él, por miedo a que ocurriera algo. Él me miró confuso, pero pronto su gesto se volvió de preocupación.
-Verónica, estas pálida, ni que fueras un vampiro- me dijo. Me asuste muchísimo, ¿Lo decía por bromear o conocía esa parte de mi vida secreta? Pero no lo parecía.
-Mejor te acompaño a casa ¿vale?- me dijo, levantándome con él. Pasó el brazo por detrás de mi cintura, como si quisiera ayudarme a mantenerme derecha, o acercarme más a él. Mi casa estaba lejos, pero fuimos paseando tranquilamente.
-¿Seguro que te encuentras bien?- me preguntó por enésima vez. Que me hubiera mareado ligeramente por el camino no quería decir que estuviera inválida, quise decirle, pero solo asentí con la cabeza. Me moví para quedar ligeramente por delante de él y poder abrazarle. Estábamos en la puerta de mi casa, pero no pensé en ello. Mis padres siempre me decían que no saliera con humanos, que no era ético. Solo había salido con otro chico, un elfo, es decir, nocturno, pero apenas duró la cosa. Apoyé los labios sobre la curvatura de su cuello. Por un momento se me desenfocó la vista y dejé de pensar.
-Hey Vero, no me muerdas que luego me quedan marcas- me dijo en tono broma. Me separé rápidamente de él. ¿Qué, qué? Mierda, el sello nuevo tampoco funcionaba bien. Tapé mi boca con la mano y entrecerré los ojos ligeramente, por si acaso. No sabía que resto habían quedado en mí, y ya estaba bastante pálida sin quitarme el sello por yo que sé qué y no quería asustar a Lucas.
-Lo siento, se me fue la mano- le dije bajando la cabeza.
-No pasa nada. ¿Nos vemos mañana? ¿En la Plaza otra vez?- me preguntó casi ansioso. Por un momento me dieron ganas de reír, que ansioso era el chico.
-Claro que si. Pero recuerda que estamos de finales, hay que estudiar ¿recuerdas lo que es eso?- le pregunté yo medio de coña.
-Te quiero a las seis en la plaza. Y tráete el bonometro- me dijo misteriosamente.
-¿Qué adonde nos iremos?- le pregunté divertida. No me dijo nada pero me agarró y me atrajo de sí de manera algo salvaje para besarme. Ya no pude evitar reírme.
-Hasta luego guapa- me dijo antes de irse. Sí, ahora se iba, dejándome más colorada que un tomate para tenerme que entrar a casa. Le dije adiós con la mano, antes de entrar a casa. Al cerrar la puerta escuché unas voces.

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Una mañana normal para variar

Ay, que dolor de espalda, pensé nada más levantarme. Un día vale, pero dos pasan factura. Me dirigí a mi habitación para cambiarme el pijama por la ropa. Me quede unos minutos delante del armario ¿Me ponía la ropa con la que iba a salir u me ponía otra? Al final decidí que me cambiaria y me puse a buscar una camiseta a rayas fosforitas y unos pantalones vaqueros oscuros, me sentía feliz, y en parte eso se reflejaba un poco en mi vestimenta. Me hice dos trenzas y salí prácticamente dando saltitos por la puerta de casa, mas bien trastabillando, por culpa de las escaleras. Cuando llegue a la esquina no había nadie. Me mire el reloj. Las ocho menos veinte. No me había dado cuenta ni de la hora. Reí suavemente, sola en medio de la calle. Cogí el móvil y me puse a escuchar música, esperando a que se hiciera la hora de que llegara Vic y tal vez Julián y todo.
Llegaron a menos cinco, cogidos de la mano. ¿Había un episodio de este romance que yo no conocía? Sonreí con picardía a la pareja.
-Buenos días-dijimos los tres casi al unísono. Me puse al lado del chico, mientras aun reíamos.
-Oye Juls, estoy muy enfadada contigo-le dije girando mi cara hacia él. Puso cara de no saber de que iba la película. Se encogió de hombros.
-¿Que he hecho?- me preguntó.
-¿Quién te manda parar a un vampiro sin ni siquiera quitarte el sello?¿Te has vuelto kamikaze de repente? – le pregunte con voz severa. Abrió mucho los ojos y se puso rojo como si fuera un niño pillado en una fechoría.
Tartamudeó ligeramente al explicarse.
-Es que…lo hice sin pensar, te le habías tirado encima, no había tiempo…y…deshacerme el nudo me era más complicado que saltar contra ti…tampoco soy tan debilucho, yo…¡No me hagas preguntas tontas!- terminó soltando sin saber que decir. Pobrecito mío, pensé pasándole la mano por los hombros para que no dijera ninguna chorrada más. Ya había oído el motivo con claridad, no necesitaba más. Él también estaba colado por Victoria.
-Que insensato que eres, tontín- le dije con cariño – ¿No ves que te podía haber roto algo? ¿O matado? ¿Pero tú piensas en algún momento?- no me respondió, ni falta que hizo. Lo tenía ahora bien calado, yo.
-Venga, dejarlo ya, que sois peores que los niños- soltó Vic. Nos callamos, cada uno pensando en su mundo amoroso. Llegamos a la puerta del Colegio, donde nos esperaba Ale. Ésta puso una cara un poco extraña al verlos entrar de la mano, pero no preguntó. Era una persona muy discreta, como la mayoría de Nocturnos. Nos hacía la vida más fácil. Me puse a su lado y nos fuimos camino de las escaleras, ya que los otros dos tenían educación física a primera hora y tenían que bajar directos al patio, donde los esperaba Alejandro, el profesor.
-¿Has visto que monos?- le dije yo, para romper un silencio que conseguía empanarme demasiado.
-No sé cómo les saldrá, lo veo complicado…
-Va. No me seas aguafiestas. Seguro que siguen juntos durante mucho tiempo- le contesté. Que poco romántica que era esta chica. Aunque yo tampoco es que lo fuera mucho, pero bueno, ahí estaba la cosa, que ese viernes era especial…
-¿Cómo que vas tan festiva tú hoy?- me preguntó ella. Me sonrojé levemente.
-Es que estoy feliz. Los poderes llevan un día sin hacerme la puñeta, Victoria y yo no estamos enfadadas, el amor se respira en el aire…-le contesté yo, Sentía el extraño sentimiento de no contarle que había quedado con Lucas esa tarde. Que pena, no podríamos quedar juntas ella y yo para ver One Piece y hablar de sus nuevos volúmenes. Mientras pensaba eso, Lucas apareció por la puerta de clase, y me hizo señas para que me acercara. Lo hice, preguntándome que querría.
-¿Lo de esta tarde sigue en pie?- me preguntó, con una voz en la que se notaba una ligera ansiedad. ¿Por qué lo diría?
-Claro ¿qué no puedes quedar?
-No, no es eso, es que ayer te noté rara, y el miércoles te tocó irte a casa…Por si no te encontrabas bien, o algo así- lo miré con cariño, se preocupaba por mí, nunca me lo hubiera imaginado.
-No, tranquilo, es que tenía una cosa en la cabeza que me estaba incordiando. Y el miércoles me encontraba mal, pero ya se me pasó- le estoy metiendo una bola de narices, pensé apenada. Pero él pareció quedarse más tranquilo, por que suspiró y se despidió de mí con un empujón, como hacía siempre, largándose fuera de mi alcance.
-¡Lucas! ¡Que no me pegues!- le grité como siempre. La monotonía venia bien y todo, de vez en cuando. El resto del día se me pasó en un santiamén, haciendo el examen de Valencià prácticamente sin pensar. Sonia se había portado fenomenal con nosotros, y nos había puesto un final bastante fácil. Fácil, pero largo, dijimos todos al acabarlo. Pronto se acabaron las clases, y como por la tarde no había, fui directamente a casa y después de comer me enchufé al ordenador. Me apetecía hablar con una persona, una de mis mejores amigas, de hecho. Yo la llamaba Vann y ella a mí Nica. Vivía en la otra punta del mundo, pero me caía genial. Gracias a dios que sí estaba conectada.
-Hey Vann- escribí en el messenger, para comenzar la conversación.
-Hola Nica! ¿Qué tal te va la vida?
-Pues genial, esta tarde he quedado ¿y tú?
-¿Quedado? ¿Mi Nica se ha echado novio? Yo fantástica, que me acabas de dar una alegría enorme- reí suavemente sentada en el sillón con el portátil. Mira que sacaba las cosas de lugar con su imaginación.
-Chica no te pases, que es un amigo.
-Bueno, que sí, que sí. ¿Recuerdas que tenemos un rol a medias?- me recordó Vann
-Tienes razón, vamos a ello- me pasé las dos siguientes horas hablando con la chica y roleando en uno de nuestros foros favoritos. Cuando apagué me fui a la ducha, y después, aún con el pelo húmedo, al armario. ¿Qué me ponía? No tenía ni idea. Al final me decanté por una camiseta larga, que me llegaba casi hasta las rodillas. Era negra con una rosa grisácea tamaño gigante en el centro. Con unos pantalones largos de color gris muy oscuro y unas sandalias de nudos salí de casa y prácticamente corrí hacia la plaza, donde ya me esperaba él.

No hay mal que por bien no venga.

-Pues no quiero que te sientas así. Es más, te doy las gracias por lo de ayer- me dejó de piedra. Alcé la cabeza y la miré, con una cara de imposible descripción.

-¡¿Qué?! ¿Por qué?- le solté, cuando conseguí articular palabra. Ella siguió andando, con una sonrisa de felicidad. ¿Estaba feliz de que la atacara? ¿Pero en qué cabeza entraba? Esperé a que hablara. La culpabilidad me seguía carcomiendo, no me creía las palabras de mi amiga. La seguí por detrás, segura de que me estaba engañando.

-Ains…para ser parte de un mundo extravagante eres muy incrédula- me comentó, aún sin decir porqué era tan feliz. No le respondí, pero mi silencio fue bastante obvio. -¿Si te cuento por qué me creerás?- la miré, cada vez entendiendo menos. Asentí esperando empezar a entender algo mejor.

-Bueno, pues ayer cuando saltaste a por mí- omitió decir para morder o matar, cosa que agradecí- Juls me protegió. No se había quitado el sello, por lo que era un poco más resistente que un humano, pero nada más. – me mordí el labio ¿No se quitó el sello? Anoté mentalmente que le debía una disculpa- Yo estaba asustada, pero no quería irme de allí hasta que no despertaras. Pero entre Julián y Alessandra me disuadieron. Él me acompaño a casa, cogidos de la mano. Pienso que fue para darme su apoyo, pero creo que me infravalora- sonreí y asentí, curiosa– Cuando llegamos a la puerta me miró y me dio un beso. Dijo “ nos vemos mañana” y se largo corriendo. Yo me quede pasmada -Victoria calló.

Me había quedado sin habla, ¿Juls y Vic? ¿Los mismos que se peleaban por nada? Se me antojaba extraño…y a la vez con bastante lógica. Me di un golpe en la frente, recriminándome el haber estado tan ciega.

-¿Desde cuando te gusta Julián?- le pregunte, para acabar de asegurarme que había entendido bien.

-No sé…¿Un año quizás? Demasiado tiempo. Pero la verdad es que no sé si estamos saliendo o no. Solo fue un beso, ¿Verdad? – me dijo, casi diciendo que no fuera verdad. Sonreí y le pase las manos por los hombros. Tenía que confiar más en los amigos, sobretodo en los humanos.

-Bueno lo podemos descubrir poniéndote en apuros ¿quieres?-sonrió y asintió. Riéndonos fuimos hacia su casa. Seguro que allí se encontraba mejor que fuera de ella.

Llegué ligeramente tarde a casa, para no tener que mirar a mis padres a la cara. Aunque cené con ellos, hablé poco, por no decir nada y me dirigí a las Nadas con el despertador y el peluche.

Mi madre me cerró el paso.

-¿A qué viene dormir en las Nadas dos días seguidos?

-Me encuentro a gusto allí-mentí, dejándola con cara de sorprendida, me escabullí- y llegué a mi destino. Aun así, apenas me hube tumbado en el catre que había allí cuando alguien entró. Era Sergi.

-Toc toc ¿se puede?- dijo sonriente en la penumbra. Se sentó a mi lado – ¿qué haces aquí?- decidí sincerarme con él, sin saber el grave error que supondría eso. Aun creía que era mi hermano

-Ayer ataqué a Victoria, en plena calle. Si Juls y Ale no llegan a estar allí…solo Dios sabe que podría haber pasado.

-Y por eso te escondes aquí- era una afirmación.

-Ya ves, no os quiero poner en peligro. Tú sabes que yo no hago nada de eso de manera consciente ¿verdad?

-Claro que no, Vero -me aseguro- Ahora duerme. Buenas noches- dicho esto salió de allí dejándome a solas. Entrelace las manos por detrás de la cabeza, satisfecha sin ninguna razón. Pensé en que echaba en falta tener a mano papel y lápiz, pero no me levanté a por ello. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho. Me hubiera ahorrado muchos problemas. Además al día siguiente había quedado con Lucas. Desde hacia dos días no había podido pensar en otra cosa que en mis cambios, pero en ese momento era tal cual una adolescente como otra cualquiera. Aunque estaba encerrada por mi propia voluntad en una celda. Jugueteando con la cruz y una pequeña sonrisa en los labios, me acabe durmiendo.

Segundo Ataque

Además, le pedí los deberes. Pasé el resto de la tarde haciéndolos y durmiendo.
-Juls, vuelves a decir la palabra conspiración y te dejo seco.
-Cuando un vampiro consiga llegar a la yugular de un hombre lobo me lo cuentas ¿vale?- contestó él, enseñándome los dientes.
-Sit, perrito gruñón- le dije enseñándole los míos. Victoria se puso entre nosotros, como siempre. Y eso que ella era completamente humana, por lo cual, se enteró de chiripa que nuestras, digamos, especialidades. Fue la primera, e última, vez que Dolores no se tomó las precauciones necesarias al salir de las Nadas con un alumno ya exento de castigo. Yo, para ser exactos. Y Victoria que volvía de buscar a la directora por la iglesia, pues nos vio.
-Parad ya. Supongo que el asunto no es para tomárselo en broma.
-Apoyo a la humana- dijo Alessandra con una sonrisa. Se había permitido quitarse el sello, dejando a la vista sus particularidades. Ojos de gato con el iris violeta, piel parda, pelo completamente negro. Y más alta que de lo normal. La miré agradecida cuando la vi aparecer la primera en la avenida. Por que se había consolidado conmigo.
-Yo sigo apostando por la conspiración.
-¡Que no pesao’!- le chillamos las tres a una. Se cruzó de brazos y miro hacia otro lado.
-¿Cómo va a ser una conspiración si tiene que ver conmigo?- le pregunté,  a ver si decía algo con lógica.
-Bueno, tal vez tiene que ver con quien te convirtió- apuntó él -No sabemos quien fue ¿verdad?- me quedé más blanca que el papel. Si es que una vampiresa se puede quedar todavía más blanca. Me acerqué a él y lo abracé.
-Eres un genio- susurré.
-Ya lo sé- dijo con tono petulante y se ganó un capón.
-Por cargarte el momento- le recriminé, alejándome de él mientras volvía a pegar vueltas enfrente del banco. Se lo había preguntado varias veces a mis padres, obteniendo silencio. Al final dejé de hacerlo, pero ahora la pregunta se reavivaba con más fuerza en mi mente. Escuchaba la conversación de mis amigos, pero no prestaba atención. Me sentía extrañamente aterida por un frío que solo habitaba en mi mente. Y ese frío traía consigo un sentimiento de soledad, como si me encontrara sola en medio de una gran tormenta. No era un pensamiento agradable. Cerré mis ojos rojizos, intentando dejar la mente en blanco, pero el negro imperaba por encima de todo, produciéndome un terrible agotamiento. Me tambaleé, dejando de ver por un momento a mi alrededor. Noté que alguien me agarraba por detrás, supongo que para que no me cayera.
-¡Verónica!¡Reacciona!- fue lo primero que escuché cuando volví en mí, ¿Qué me había ocurrido? Ahora estaba sentada en el banco, con el rostro expectante de Ale mirándome. ¿Cuánto llevaba así? Ya era oscuro, así que por lo menos más de las nueve y media. Intenté incorporarme, pero no encontraba la forma de hacerlo.
-Parece que vuelve en sí- escuché murmurarle- Vero, llevas inconsciente más de media hora. Ahora no intentes levantarte- la voz de Alessandra me llegaba de muy lejos, como si estuviera en un lejano lugar. No sabía por qué no tenía que levantarme. Lo del desmayo sería seguramente por el cansancio, que me perseguía como una lapa. Sonreí, moviendo la mano para quitarle hierro al asunto. Que extraño, me costaba mover la mano. Vi a Ale suspirando.
-Todo menos hacer caso. Me ha tocado dormirte, y aunque ya has despertado, tu cuerpo seguirá inmóvil durante unos minutos.- en voz más baja añadió- Te has vuelto como loca. Y has intentado matar a Victoria. Julián ha tenido que pararte, y le ha costado mucho. Dice que te has vuelto muy fuerte. Ha acompañado a Vic a su casa. Me ha pedido que te diga que no tienes que disculparte. Sabe que no te encuentras muy bien- yo me había quedado muda. ¿Había  atacado a Victoria? ¿En medio de la calle? No, no podía ser cierto. Yo nunca había atacado a un humano. De repente, había atacado a dos en el mismo día. Nada más y nada menos que a mí madre y a una de mis mejores amigas. Me encontraba fuera de sí, y no sabía por qué. Nunca había destacado como vampiresa. Recordé el día en el que tuve que explicarle a Vic que los vampiros no éramos como nos pintaban en las películas. Que podíamos tener defectos físicos y si te mordían de pequeña, o a cualquier otra edad, seguías creciendo hasta la edad del vampiro que te mordió. Aunque nos curábamos más deprisa y siempre había algo en lo que destacábamos. Podíamos soportar la luz del sol, aunque no nos gustaba, sobretodo el sol fuerte de verano. Además, si estabas bien adiestrado, podías entrar y soportar los lugares sagrados, aunque nos hacían pasar malos ratos.
Comencé a llorar en silencio, enterrando la cara en las manos, ya que podía mover los brazos. Mi amiga me abrazó por detrás, ofreciéndome su apoyo. No quería seguir viva, y eso que técnicamente no lo estaba. ¿Cómo se había girado tanto mi vida? Cuando me hube desahogado volví a casa. No estaba preparada para mirar a mis padres a la cara, y además llegaba tarde. No quería hablar con mi madre, aún no estaba preparada…No quería poner en peligro a mi familia, así que cogí el osito de peluche, como cuando era pequeña, junto al despertador y me dirigí a las Nadas. En esos momentos agradecí que todos los Diurnos estuviesen obligados a tener unas en su casa, para alojar a los Nocturnos que cazaban hasta que se podían llevar al cuartel general. Me encerré allí durante toda la noche.
Evité a Victoria por la mañana. Fui por otras calles al Colegio, entré por portería, para conseguir mi nuevo sello y ponérmelo antes de entrar a clase, esperando que tocara la campana para que no tuviera que encontrármela por los pasillos. En la hora del patio me quedé hablando con Sonia sobre el examen del día siguiente, y con José, para explicarle lo sucedido y preguntarle si me tocaba ir a Junio. Cuando salimos a la una y cuarto salí la primera para seguir con la misma táctica. A las tres me retrasé adrede, pero a las cinco ya no hubo escapatoria, me esperó fuera de mi clase. Me cogió de la mano para que bajáramos juntas y salimos del Colegio. Cuando estuvimos fuera comenzó a hablar.
-¿Te sientes culpable, verdad?- no respondí, seguí con la mirada fija en la acera

Primer ataque

Estaba tumbada en el sillón con una taza de sangre caliente. Tenía un sueño…pero mi madre seguía intentando saber que había pasado. No le valía dejar el asunto en paz, no como yo que seguía en las nubes y sonreía. Era una manera de aparcar el miedo como cualquier otra ¿a qué sí?
-Intenta otra vez sacar tu esencia vampírica por encima del sello.
-Vamos a ver, estoy bebiendo sangre humana a temperatura corporal. Y has bajado las persianas para que no me dé el sol. ¿Qué quieres más, que te muerda? Además debería estar orgullosa de que el sello funcionara tan bien contando que eres diurna.
-Te quiero ayudar.- ja, ja, ja, pensé de manera irónica- Y si María ha sido capaz de encontrar esa subida energética en segundos, será porque ha sido una subida alta e inesperada. Que haya sido producida por un sentimiento negativo me hace estar más extrañada todavía- acabó la frase moviendo la cabeza –Concéntrate- Lo intenté por última vez. Lo de los sentimientos negativos me dio una idea. Me concentré en la rabia que me había provocado la directora, el terror de las Nadas, el odio hacia Cace, el rechazo de los ojos de mis padres, el estrés de la semana. Todo lo malo que me carcomía por dentro. Volví a notar ese clic dentro de mi ser. Sabía que se había desatado.
-Verónica, para- oí la voz de mi madre, pero no presté atención. ¿Por qué beber sangre de una taza, si tenía una humana delante de mí? Sin pensar me lancé encima de mi madre, con los colmillos por delante. En menos de tres segundos estaba inmovilizada contra el suelo.
-Verónica, tranquilízate. AHORA- mi madre no alzó la voz, pero había una amenaza velada que no admitía réplica. Respira, Vero, tranquila, tú no quieres atacara a nadie, es tu madre, shh…fui diciéndome yo misma palabras para que, poco a poco, volviera a mi aspecto más humano. Mi madre ni siquiera me miraba a la cara cuando me levanté.
-Lo siento mamá…- empecé a decir, consciente de que me había cargado el sello y que ahora, aunque más humana, seguía manteniendo un aspecto vampírico. No me dejó acabar la frase.
-Has roto el sello, hoy no irás al Colegio- me dejé caer encima del sillón, agotada. Ni siquiera se me ocurrió ponerme a buscar sangre por la cocina, ya había tenido suficiente vampirismo por un día. Podía sonar extraño, pero, hubo un momento, cuando no tenía más de cinco o seis años, intenté suicidarme. Sabía que no había muchas maneras de morir. Pero sabía de las historias que contaba mi padre sobre nocturnos (más concretamente, nocturnos vampiros) que había muerto de inanición, encerrados en las Nadas. Los vampiros nos alimentábamos mayoritariamente de sangre, pero también necesitábamos comida normal, humana. Como era verano, cogí mi osito de peluche y me fui a las Nadas que habían en casa. Estuve allí dos semanas, por que mis padres creían que me había escapado de casa y no se les ocurrió mirar allí abajo. Cuando me encontraron me gané una buena reprimenda y estar sin chocolate un mes. El sentimiento de culpa por ser una criatura detestada por mis padres lo tenía muy hondo. Por supuesto, yo no quería ser una vampiresa. Ahora ya no me importaba, pero el sentimiento de culpa seguía ahí. Me acabé durmiendo, soñando con aquella anécdota infantil.
-Verónica, a comer. Vero, despierta- la suave voz de mi hermano mayor, que me estaba sacudiendo suavemente un hombro, me despertó. Le envidiaba, aunque me dolía reconocerlo. Era guapo, siempre tenía una tonalidad bronceada y era un estudiante modelo. Iba a la Academia, el lugar donde se formaban los futuros diurnos. Pero le era imposible mirarme con lo hacían mis padres, como si fuera el enemigo. La gente decía que si no fuéramos hermanos seríamos la pareja ideal. Recordé el final de mi recuerdo, cuando, al llevar dos semanas sin comer, me encontraba más animal que persona y fui a por él. No le llegué a morder, pero le hice varias contusiones y le rompí el brazo. Y no me odió ni siquiera entonces, era demasiado bueno. No entendía como podía ser tan buen cazador, como decían siempre mis padres. Miré fijamente esos amables ojos oscuros con mi mirada rojiza. Demasiado bueno, me repetí. Me sonrió cálidamente mientras me tendía la mano para ayudarme a levantar. Se la cogí, mientras me apoyaba las gafas en el puente de la nariz, que las tenía torcidas por haber dormido sin quitármelas.
-Mamá me ha contado que has hecho, Te has puesto muy fuerte ¿eeh?- sonreí por el tono guasón en el que lo dijo, mientras me daba un golpe amistoso en el hombro. No se lo tomaba en broma, pero la hacia ver y eso me tranquilizaba de sobremanera. Me senté junto a él, aunque no tenía mucha hambre. Miré el plato, verduras. Las verduras me gustaban, pero las veía mustias sobre el plato, mirándome con tristeza. Veía mi vida mustia, sin vida, como las verduras. Tendría que estar hambrienta por el esfuerzo de haber roto un sello de plata. Pero solo tenía un cansancio que me cerraba los ojos. Me quité las gafas para frotármelos, que se me estaba empezando a empañar la vista. Sergi me dio un codazo al darse cuenta.
-Tía, que te duermes encima del plato
-Puff, es que me encuentro agotada. No me encontraba así ¿desde fallas?- me encantaban esas fiestas, aunque me dejaban baldada. Sonreí a la vez que mi hermano, mientras nuestra madre nos dirigió una mirada severa. Mejor dicho, me la dirigió a mí.
-Debes comer, es importante que recuperes fuerzas- me dijo. Bufé aún a sabiendas que tenía razón. La inanición era una de las peores cosas que nos podían hacer, y el haber pensado en aquel recuerdo infantil me hizo atacar el plato tras lanzarle una nueva mirada. No quería que me volviera a pasar eso nunca, jamás. Mi madre me miró satisfecha. Si hubiera sabido que me iba a suceder, habría echado a correr a cualquier otro lugar. A cualquiera. Llamé a Ale al acabar de comer y le pedí que dijera a todos que nos reuniéramos a las ocho en la avenida. No le expliqué nada más, salvo que había roto el sello.

La parte más oscura de la oscuridad

Toqueteó algo en un ángulo del que yo no distinguía nada. Escuché un chirrido, mientras la pared de enfrente empezaba a desaparecer hacia la derecha, dejando abierta la entrada a unas escaleras que no había visto en mi vida. La directora se arremangó el hábito y empezó a bajar. Bajé tras ella, preguntándome a donde me conduciría. Momentos después deseé no habérmelo preguntado. De lejos se oía como una gota caía. Clic, clic, clic. Pronto se empezó a oír también, algún grito aislado. Eran verdaderos gritos de terror y de horror, que helaban la sangre. Pero mi guía continuaba su camino, impasible. Yo no apartaba los ojos de la llama por temor de que me pudiera encontrar fuera de la luz. Por primera vez tuve miedo de la oscuridad. No veía el momento de salir de allí. Tenía la cabeza tan embotada que no me di cuenta de que se habían acabado las escaleras y que íbamos por un estrecho pasillo, con cárceles a ambos lados, algunas ocupadas. Aquel pasillo desembocaba en una sala circular. Al llegar a ella, Dolores paró y yo por poco me la como. Miré donde me encontraba. Enfrente de mí se abrían más pasillos, al igual que a los lados. Ja, ja, ja, gracioso, pensé al descubrir que simulaban un sol. A veces los diurnos tienen un sentido del humor muy irónico. Nos quedamos ahí, en el centro del sol. Era como unas cámaras de torturas en uso. Y había gente atrapada allí abajo, esperando su final. Pero la vida de los nocturnos era larga, muy larga. Y aquí no parecía que los fueran a matar de manera rápida.

-¿Dónde estamos?- dije con voz trémula, sin poderlo evitar. La mujer parecía disfrutar con el panorama.

-Te presento a las verdaderas Nadas. Lo que vosotros creéis una tortura es un camino de rosas respecto a este lugar. Tiene un gran privilegio, aquí no baja nadie que no haya hecho una gran atrocidad- la frase se elevó en el aire. Yo no había hecho nada para tener que estar allí. No había matado nunca a un ser humano, ni siquiera a un perro o un gato. A veces roedores, pequeñas aves…pero eso lo hace hasta el vampiro más respetable y cuidadoso del mundo ¿verdad?. Retrocedí un par de pasos. De repente, noté que me abandonaban las fuerzas…y perdí el sentido.

Abrí los ojos, me encontraba mareada. No sabía ni dónde estaba. Cuando logré enfocar detrás de los sucios cristales de mis gafas, observé que estaba apoyada contra una pared y que se oían goteras. Oh, no. Me levanté y eché a andar por uno de los pasillos, mientras me limpiaba los cristales de las gafas con la manga. No supe cuánto tiempo estuve dando tumbos, oyendo gritos a la lejanía. Había un poder oscuro allá abajo, un poder que daba miedo y te absorbía el poder poco a poco. Cuando conseguí salir, me dirigí a la secretaría, quería hablar con mi madre. No es que me fuera a suponer un alivio, pero sería mejor que nada. Y seguro que ya no llegaba al examen, así que…

-Estoy segura Montse, ponme con mi madre- le dije a la secretaria. Si, me extrañaba hasta a mí, pero daba igual. Pasé de llamar a casa, seguro que no estaba. Era más normal que contestara al móvil.

-¿Sí?

-Mamá, soy yo. No, no me han castigado- dije al oírle tomar aire para preguntar.

-¿Entonces?-

-Me ha sucedido algo bastante extraño…- pasé a relatarle lo sucedido con la directora y como me había despertado allí sola. Y mi madre me sorprendió haciéndome una propuesta.

-Pues sí que es extraño. Hablaré con María. ¿Quieres venirte a casa? Hoy no tienes la cabeza para estudiar, y me gustaría ver eso de tus ojos- resultaba que al final si que estaba en casa.

-Vale mamá, ahora voy- me despedí de ella y salí de la secretaría para ir a por mi mochila. Entré en clase, pero no había nadie. Es verdad, la hora era abajo, tocaba educación física. Menos mal que se habían dejado la puerta abierta. En pocos segundos salía con la mochila en el hombro. Por las escaleras me crucé con Lucas, que me dio un abrazo.

-¿A que viene esto?- le pregunté sorprendida y casi temblando, ya que la anterior experiencia me había dejado con los nervios a flor de piel.

-Tía, me tenías preocupado. Tenías que haberte visto la cara cuando has salido de clase- ¿tan mala cara he puesto?, pensé abochornada. – ¿Qué te ha dicho la directora? Por que para estar fuera dos horas…- ¡Dos horas! Entonces tocaba optativa, no educación física. Ahora entendía el pelo húmedo del chico.

-Es demasiado largo para explicártelo ahora- además, eres humano, añadí para mis adentros. Tenía que controlarme, si no diría algo que me haría pasar días en las Nadas. Y ahora que había visto la realidad completa, no quería volver jamás.

-Entonces…¿qué te parece quedar el viernes? Así me lo cuentas tranquilamente- me preguntó. Lo vi sonrojarse ligeramente. ¿Lucas? Vero, niégate, niégate, niégate, nié…

-Sí, claro. ¿Las siete y media en la Plaza?- mi yo interior se clavó una estaca y se lanzó desde un séptimo piso.

-Vale, quedamos así. Bueno, voy a llegar tarde. Hasta pronto- lo vi alejarse escaleras arriba.

Hice una bocina con las manos.

-¡Dile a Amparo que me he ido a casa! – respondió con una cabezada sin girarse. Comencé a bajar, camino a la salida. Había quedado con Lucas estaba alucinada.

Desvaríos en el peor momento

-Que estaba esperando mi ocasión para la revancha. ¿Quién te dio permiso para darme antes un capón?- me crucé de brazos con una sonrisa que no auguraba nada bueno. Él puso cara de confundido.

-Yo nunca te he pegado. Al menos no hoy- dijo en voz solemne.

-¿Y qué era lo de antes?¿Una caricia?

-Claro que sí amiga mía- dijo mientras pasaba el brazo sobre mis hombros, poniendo carita de niño bueno. Rodé los ojos.

-Tú tienes mucha cara ¿lo sabías?

-Claaro que sí- esta vez fui yo quien le dio un capón al pasar antes de que se escabullera. Algún día me daría el gustazo de cargármelo con mis propias manos. Me senté y me puse a repasar como ajustar las reacciones, las disoluciones, los distintos valores… habían demasiados datos en mi cabeza. Me quité las gafas y enterré la cara entre las manos, no me encontraba bien. Necesitaba un descanso. Uno bien largo, con un vaso de sangre caliente, o de chocolate, tronando, con una manta y una novela.  Oh sí, sería una tarde perfecta. O delante del ordenador, roleando y hablando sin parar, olvidándome de mí misma.

-Chicos, chicas, cerrad los libros y guardar los apuntes. Lo que no sepáis de casa, no os lo vais a saber ya- José, nuestro profesor de física y química nos miró con su sempiterna expresión seria y a la vez afable. Lanzó una mirada reprobatoria a Cace –Eso también va por ti, Cace.

-¡Déjame repasar José!

-Has tenido suficiente, ahora toca hacer el examen- refunfuñando, aquel chico guardó sus cosas. No aguantaba a aquel fantasmón. Y nunca mejor dicho, por que un pequeño pendiente de hierro se veía brillar desde su oreja derecha. Le dediqué una mirada de puro odio, lo que consiguió que mis ojos se volvieran rojizos. Lo sentí dentro de mí, como un chasquido en mi interior. Y sentí terror. Eso era imposible, llevaba puesto el sello día y noche. Alcé la mano, entrecerrando los ojos, rogando que tras las gafas no se me notaran. Alcé la mano para pedir salir fuera, a la vez que se abría la puerta de la clase.

-Necesitaría que saliera fuera Verónica Lancero Huertas- era la directora. No necesité que me lo repitieran dos veces. Me levanté y llegué muy erguida hasta la puerta. Notaba las miradas extrañadas de mis compañeros humanos, miradas divertidas de mis compañeros que sí sabían de qué iba la historia, la mirada preocupada de Alexandra. Para qué negarlo, estaba con el miedo dentro del cuerpo. No sabía que acababa de pasar. Tampoco tenía idea de cómo la directora se había enterado tan sumamente rápido. Apenas habían pasado dos o tres minutos desde que mis ojos se tiñeron de rojo. Me apoyé en la barandilla un segundo, de repente me encontraba sumamente cansada. Pero la hermana Dolores no pensaba en descansar.

-Sígame.- sin decir nada más, empezó a andar camino hacia las escaleras. No me quedó más remedio que seguirla. Bajamos y caminamos por el llamado “Jardín de las Monjas” Cuando vi hacía donde me guiaba frené en seco.

-Hermana, sabe que no puedo entrar ahí- eso no era estrictamente cierto, pero no podía estar en un lugar santo, me hacían sentir enferma. Asistía a las misas por aparentar, pero solo eran tres o cuatro al año durante todo el año. Por norma general, después padecía mareos, a veces incluso tenía que irme a casa.

-Tranquila, señorita Lancero, no vamos a entrar- terminó la frase de una manera que no me gustó. Allí solo había otra cosa en aquel lugar. La entrada de las Nadas. Pero yo no había hecho nada que pusiera en peligro el secreto de aquel lugar. Giramos a la derecha, quedándonos delante de la puerta disimulada. ¿Cuántos días pasaré dentro?, pensé fastidiada por no saber que narices había hecho. Entré temblando, un temblor más acusado cuando se cerró la puerta con un chasquido y nos quedamos a oscuras. La hermana Dolores encendió una antorcha, y observé que se lo estaba pasando bomba con la situación. Supuse que ahora giraríamos hacia la izquierda y bajaríamos por unas escaleras, a aquella especie de mazmorras individuales que tienen la habilidad de dejarte vacía, quedándote ciega y sin fuerzas. Pero no.